Al principio, vivir, tan sólo era
lenta espera, inconsciente, hasta el milagro.
El enigma en la sangre murmuraba
laberintos de la antigua profecía:
sería Midas de tacto inevitable
o una luz, a los ojos, sorpresiva
de promesa en la entraña, desde siempre.
Entonces, de improviso, surgiría
el misterio del gualda en los castaños
como tiempo propicio a la esperanza,
encadenando la vida a la dulzura.
El milagro surgió. Fuimos el fuego
que incendió el amplio monte de promesas
en el tiempo preciso del augurio
y la savia madura a la advertencia.
Fuimos pasto de abejas sensitivas,
rendidos al libar, en libre entrega
y firme vocación por los panales.
Nos rozamos, ya aretes madurados
del castaño, y amor nos desprendió
de cuantas cosas nos hacían islas.
Eloy Sagüillo Rodríguez- De mi libro REAMAR (1996)
EL AMOR DEL PRIMER TIEMPO
( año 1962)
LA PROFECÍA.
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