"En un
beso, sabrás todo lo que he callado..."
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viernes, 2 de agosto de 2013
La Mariposa Azul
Había un viudo que vivía con sus dos hijas curiosas e
inteligentes.
Las niñas siempre hacían muchas preguntas.
A algunas de ellas, él
sabía responder, a otras no.
Como pretendía ofrecerles la mejor educación, mandó las
niñas de vacaciones con un sabio que vivía en lo alto de una colina.
El sabio siempre respondía a todas las preguntas sin ni
siquiera dudar.
Impacientes con el sabio, las niñas decidieron inventar una
pregunta que él no sabría responder.
Entonces, una de ellas apareció con una linda mariposa azul
que usaría para engañar al sabio.
- “¿Qué vas a hacer?” preguntó la hermana.
- “Voy a esconder la mariposa en mis manos y preguntarle al
sabio si está viva o muerta.
Si él dijese que está muerta, abriré mis manos y
la dejaré volar.
Si dice que está viva, la apretaré y la aplastaré.
Y así,
cualquiera que sea su respuesta, ¡será una respuesta equivocada!”
Las dos niñas fueron entonces al encuentro del sabio, que
estaba meditando.
- “Tengo aquí una mariposa azul. Dígame, sabio, ¿está viva o
muerta?”
Muy calmadamente el sabio sonrió y respondió:
- “Depende de ti… Ella está en tus manos.”
Así es nuestra vida, nuestro presente y nuestro futuro.
No
debemos culpar a nadie cuando algo falla.
Nosotros somos los responsables por
aquello que conquistamos o no conquistamos.
Nuestra vida está en nuestras
manos, como la mariposa azul.
Nos toca a nosotros escoger qué hacer con ella.
jueves, 1 de agosto de 2013
Que no se nos olvide
"Que sigan valiendo los pequeños detalles, que no se nos escape sorprender de vez en cuando, que no se nos olvide que querer bonito no depende de cuanto dinero tengamos, sino de cuanto amor sintamos."
Alas
Allá está la cumbre.
—¿Qué miras? —Un astro.
—¿Me amas? —¡Te adoro!
—¿Subimos? —¡Subamos!
—¿Qué ves? —Una aurora
fugitiva y pálida.
—¿Qué sientes? —Anhelo.
—Ésa es la esperanza.
—¡Qué alientos de vida!
¡Qué fuegos de sol!
¡Qué luz tan radiante!
—¡Ese es el amor!
—¿Qué ves a tus plantas?
—Un profundo abismo.
—¿Tiemblas? —Tengo miedo...
—¡Ese es el olvido!
Pero no tiembles ni temas:
bajo el sacro cielo azul,
para el que ama no hay abismos,
porque tiene alas de luz.
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