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viernes, 30 de agosto de 2013

Jose Maria Gabriel y Galán-Mi vaquerillo




He dormido esta noche en el monte
con el niño que cuida mis vacas.
En el valle tendió para ambos
el rapaz su raquítica manta
¡y se quiso quitar-¡pobrecito!-
su blusilla y hacerme almohada!
Una noche solemne de junio,
una noche de junio muy clara…
Los valles dormían,
los búhos cantaban,
sonaba un cencerro,
rumiaban las vacas…
y una luna de luz amorosa,
presidiendo la atmósfera diáfana,
inundaba los cielos tranquilos
de dulzuras sedantes y cálidas.
¡Qué noches, qué noches!
¡Qué horas, qué auras!
¡Para hacerse de acero los cuerpos!
¡Para hacerse de oro las almas!
Pero el niño ¡qué solo vivía!
¡Me daba una lástima
recordar que en los campos desiertos
tan solo pasaba
las noches de junio
rutilantes, medrosas, calladas,
y las húmedas noches de octubre,
cuando el aire menea las ramas,
y las noches del turbio febrero,
tan negras, tan bravas,
con lobos y cárabos,
con vientos y aguas!…
¡Recordar que dormido pudieran
pisarlo las vacas,
morderle en los labios
horrendas tarántulas,
matarlo los lobos,
comerlo las águilas!…
¡Vaquerito mío!
¡Cuán amargo era el pan que te daba!
Yo tenía un hijito pequeño
-hijo de mi alma,
que jamás te dejé si tu madre
sobre ti no tendía sus alas!-
y si un hombre duro
le vendiera las cosas tan caras!…
Pero ¿qué van a hablar mis amores,
si el niñito que cuida mis vacas
también tiene padres
con tiernas entrañas?
He pasado con él esta noche,
y en las horas de más honda calma
me habló la conciencia
muy duras palabras…
Y le dije que sí, que era horrible…,
que llorándolo el alma ya estaba.
El niño dormía
cara al cielo con plácida calma;
la luz de la luna
puro beso de madre le daba,
y el beso del padre
se lo puso mi boca en su cara.
Y le dije con voz de cariño
cuando vi clarear la mañana:
-¡Despierta, mi mozo,
que ya viene el alba
y hay que hacer una lumbre muy grande
y un almuerzo muy rico… ¡Levanta!
Tú te quedas luego
guardando las vacas,
y a la noche te vas y las dejas…
¡San Antonio bendito las guarda!…
Y a tu madre a la noche le dices
que vaya a mi casa,
porque ya eres grande
y te quiero aumentar la soldada…

 Jose Maria Gabriel y Galan

                                             Estatua del escritor y poeta en Salamanca.

José María Gabriel y Galán nació en Frades de la Sierra, Salamanca, el 28 de junio de 1870. Murió en  Guijo de Granadilla, Cáceres, el 6 de enero de 1905, poeta español en castellano y altoextremeño.

Nació  en el campo, en el seno de una familia de propietarios de sus tierras en la localidad de Frades de la Sierra (Salamanca).

Obtiene en 1888 el título de magisterio y se le destina a Guijuelo, a unos 20 km de su naturalidad.

 Se traslada a Madrid a continuar estudios en la Escuela Normal Central.

Es destinado a Piedrahíta (Ávila), donde pone en práctica los nuevos conocimientos pedagógicos adquiridos en Madrid.

 Su estado de ánimo es bajo, firmando las cartas a sus amigos como El Solitario.

Don José-María, se perfila ya como un hombre de carácter melancólico, sensible y de profundas convicciones religiosas, recibidas de su madre, que ya se notan en sus poemas.

 Al conocer a su mujer, doña Desideria García y Gascón (nacida en el seno de una familia de terratenientes) en 1893, sufre un cambio radical, que se acentúa a partir de su boda, un 26 de enero de 1898 en Plasencia.

 Abandona el magisterio y se traslada a Guijo de Granadilla en Cáceres, donde administra la dehesa El Tejar, uno de los latifundos que eran propiedad de la familia de su esposa.

 Allí encuentra el tiempo y sosiego para madurar su poesía alrededor del campo, las gentes, las monterías...

 Muchos manuscritos inéditos de esta época, se recuperan gracías a la contribución de sus herederos y no son publicados hasta medio siglo después de su muerte.

 Entre otras dedicatorias: Requiem al pariente de su esposa, don Acacio o Al Doctor Bejarano, al médico de la Zarza. Al nacer su primer hijo (don Jesús Gabriel y Galán García, 1898) compone El Cristu benditu, primera de sus famosas Extremeñas en las que el empleo de la lengua vernácula, "el castúo", aroma y vivifica la musa del poeta. 

Gabriel y Galán se inspira del "deje andaluz" de su admirado maestro Medina para comenzar a componer en este dialecto extremeño.

Su consagración como poeta arranca de 1901, cuando en los Juegos Florales celebrados en Salamanca fue galardonado con la flor natural por su composición El ama.

 Don Miguel de Unamuno, ilustre rector de la Universidad de Salamanca, poeta y escritor forma parte del jurado, y desde ese momento, Gabriel y Galán comienza a manterner intercambios y correspondencia con él, para terminar convirtiéndose en uno de sus más íntimos amigos.

 Su fama se acrecenta, tras ser triunfador en los Juegos Florales de Zaragoza, Sevilla y Lugo.

 El Guijo de Granadilla también quiso contribuir a homenajear a su celebérrimo vecino con el título de Hijo Adoptivo, que la villa la concede el 13 de abril de 1903, ocasión para la que compone Sólo para mi lugar.

En 6 de enero de 1905, fallece a consecuencia de una pulmonía.
 Al momento de su muerte, en plena juventud y gloria, era seguramente el poeta más leído de España.

El ayuntamiento de Guijo de Granadilla mantiene la casa que habitó, como museo, donde se muestran manuscritos y objetos personales del poeta, donación de sus herederos.


S.M. el Rey, Alfonso XIII, concede a don José-María el honor de poder transmitir sus dos apellidos a su descendencia por lo que Gabriel y Galán pasa a ser el apellido de sus herederos.
 Al mismo tiempo, S.M., pupila a su hijo mayor, don Jesús, al quedarse éste huérfano de padre muy joven del que se encarga curse sus estudios de derecho en El Escorial.
 Don Jesús, por favor real, es confiado en pupilaje a los Duques de Santa Lucía: don Álvaro Pérez de Barradas y Fernández de Córdoba, Marqués de Peñaflor , de Bay y de Cortes de Graena y su esposa la señora duquesa, doña María Salvadora Bermúdez de Castro y Díez (hija del embajador español don Salvador Bermúdez de Castro, Duque de Ripalda y a su vez sobrina de S.M.I.R. los archiduques Sissi y Francisco José de Austria). 

Quedando éstos sin descendencia, convierten a don Jesús en su heredero e hijo adoptivo. Actualemente, tras una larga saga de descendientes del poeta, el relevo es tomado no por otros sino por sus nietos, don Jesús y don José-María Gabriel y Galán Acevedo, quienes editan sus obras completas.