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viernes, 8 de noviembre de 2013

Aristóteles.




Nadie es dueño de su felicidad, por eso no entregues tu alegría, tu paz, tu vida en las manos de nadie, absolutamente de nadie. Somos libres, no pertenecemos a nadie y no podemos pretender ser dueños de los deseos, de la voluntad, ni de los sueños de nadie.