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sábado, 19 de abril de 2014

RECUPERAR VALORES





 La actualidad nos encuentra con algunas características que definen nuestro contexto en todos los estratos sociales. Las sociedades priorizan al individuo sobre la comunidad, al narcisismo es una virtud, el consumismo es un ideal y la satisfacción es una necesidad que debe saciarse a corto plazo.

En este marco, algunos valores quedaron en el pasado. La moral es observada como un
a solemnidad innecesaria, la disciplina es mucho esfuerzo, la generosidad es tildada como un signo de debilidad y los límites son políticamente incorrectos. 

Este mundo, hace algunas décadas atrás, era propio de los adolescentes, pero allí estaban los adultos para aportar valores, para criar a los niños y a los jóvenes en la toma de conciencia sobre la importancia de entender que la libertad acaba dónde empieza la de los demás. Los principios éticos eran los parámetros para poder funcionar en sociedad.

 Hoy los adultos están desbordados, les cuesta decir que no, le tienen miedo a sus hijos y así, sobreviene la soledad de un niño que grita con sus actos que necesita a sus padres, a sus maestros, a alguien que le marque la diferencia entre el bien y el mal. Piden moral y no se la dan. 

Educar es un acto de amor. Los límites son todo lo contrario al castigo o la opresión, son el vehículo para el crecimiento, el pensamiento crítico, la reflexión, la palabra en lugar del acto sinsentido y por sobre todas las cosas, son el alma de la construcción de la moral, base fundamental para vivir una vida de valores.


La educación es la respuesta a la mayoría de los dolores. Cuando un niño pueda ver en su sociedad un sitio en el cual el futuro es una esperanza y no una fatalidad, la historia dirá que el silo XXI resignificó sus heridas.