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jueves, 18 de septiembre de 2014

Moraleja




En la ciudad de Bangkok, en Tailandia, hay un templo budista pequeño muy visitado por los turistas, allí se encuentra un buda de oro macizo, de 10 pies y medio de altura, que pesa 2 toneladas y media, y que tiene un valor de 196 millones de dólares.

En una vitrina cerca se encuentra un pedazo de arcilla de 12 pulgadas de ancho. Y una interesante historia.

En 1957 un monasterio budista tenía que cambiarse de local, porque se construiría una carretera, así que se le asignó a un monje budista para que se encargara de la transportación del gigante ídolo de barro.

Cuando la maquinaria, empezó a levantar ese gigante pesado, se comenzó a rajar, además comenzó a llover, el jefe de los monjes ordenó bajar la imagen, y cubrirle de la lluvia con una lona plástica. Ya tarde, por la noche, el monje fue a ver los daños que había sufrido la imagen de barro, y comprobó que en una parte de ella había una rajadura y, que a la luz de la linterna salía una luz brillante.

El monje asombrado decidió descubrir el origen de esa luz especial así que empezó a quitar el barro ayudado por un cincel y martillo, y sus ojos no podían creer lo que veía. Descubrió que detrás de ese barro, un Buda era de oro macizo.

Los historiadores creen que cientos de años atrás cuando las fuerzas armadas Burmesas estaban por invadir Tailandia, monjes trataron de proteger la imagen con capas de barro, sobre el precioso Buda de oro. Ningún monje sobrevivió para revelar la verdad.

MORALEJA.

 En cada uno de nosotros hay algo tan codiciado, más preciado que el oro, necesitamos ser cambiados y posiblemente en medio de las tormentas de la vida, cuando parece que el sufrimiento nos ha resquebrajado, pueda salir esa luz, que nos conduzca a descubrir que detrás del barro, de nuestros fracasos o tristezas, está “la FE”.






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