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viernes, 26 de agosto de 2016

Camillo Sbarbaro



"Padre, aunque no fueses tú mi
 padre,
por ti mismo igualmente te amaría.
Porque recuerdo una invernal mañana 
en la que descubriste la primera
violeta sobre la pared opuesta
a tu ventana y lo anunciaste, alegre.
Después cargaste al hombro la escalera,
 saliste afuera y la apoyaste al muro.
Niños, tras los cristales te mirábamos.

Y me recuerdo de aquella otra vez
en que mi hermana, todavía pequeña,
seguías por la casa, amenazándola.
Mas cuando la alcanzaste, como gritaba mucho
de miedo, se ablandó tu corazón:
te viste perseguir a tu pequeña
hija y, totalmente aterrada,
vacilando la atrajiste a tu pecho
y acariciándola le diste amparo
entre tus brazos, como defendiéndola
de ese maligno que eras tú hacía poco.

Padre, aunque no fueses tú mi 
padre..."